Playa de Dois Rios: la caminata, las ruinas del presidio y la playa casi vacía

Ilha Grande tiene una playa larga, de arena clara, con un río desembocando en cada punta, selva cerrada detrás y casi nadie en la arena incluso en enero. El motivo de que siga así es uno de los capítulos más pesados de la historia de Brasil: durante décadas, Dois Rios fue el pueblo del presidio que le dio a la isla el apodo de “Caldeirão do Diabo”, el caldero del diablo. El presidio cayó en 1994. La playa quedó, junto con las ruinas, un museo y un silencio que impresiona.
Antes de seguir, nuestra honestidad de siempre: conocemos Ilha Grande sobre todo por el mar, porque la goleta de nuestro grupo duerme fondeada del lado abrigado de la isla, y Dois Rios es justamente el lugar adonde el barco de turismo no va. Queda en la cara oceánica, sin línea regular, y el camino de verdad es a pie. Esta guía es para que hagas esa caminata sabiendo lo que te espera.
Dónde queda y por qué casi nadie va
Dois Rios queda del otro lado de la montaña respecto de Vila do Abraão, el poblado principal de la isla. El pueblo de allá es minúsculo: algunas familias, muchas descendientes de empleados del antiguo presidio, y un centro de investigación de la UERJ, la universidad estadual de Río, que administra el área. No hay posadas de turismo, el comercio es mínimo y no siempre está abierto, y vehículos por el camino de tierra, solo los de la universidad y los de los habitantes.
El resultado es una ecuación rara: una de las playas más bonitas de la isla protegida no por una tranquera, sino por 8 km de caminata. Quien acepta el esfuerzo gana lo que las escunas no alcanzan. Es el mismo espíritu de recompensa por sudor de los grandes senderos de la Costa Verde, con un ingrediente que ninguna otra tiene: historia en escala nacional al final del camino.
La caminata desde Abraão
El acceso es por la T14, el camino de tierra que sale del final de Vila do Abraão y cruza el interior de la isla: cerca de 8 km por tramo, algo así como 2h30 a 3h de caminata a ritmo de paseo. La primera mitad sube con ganas, en medio de una selva que se cierra en túnel sobre el camino; la segunda baja hasta el pueblo. No hay bifurcaciones que confundan, se puede ir sin guía, y alquilar bicicleta en Abraão es una alternativa común (las subidas se empujan, las bajadas se agradecen).
Vila do Abraão, punto de partida de la caminata. Foto: Dave Lonsdale, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
El checklist es simple e innegociable: agua de sobra (no hay dónde comprar en el camino), algo para comer, repelente, protector y salida temprano, de preferencia antes de las 8, para hacer la subida a la sombra de la mañana y tener la playa entera por delante. En el camino, la selva devuelve: bandadas de saguis, los monitos titíes, mariposas azules del tamaño de un plato y, con suerte, el canto del sabiá-una. La vuelta puede ser a pie al final de la tarde o, si las piernas piden tregua, preguntando en el pueblo por algún transporte de la universidad, que a veces acerca gente a cambio de una contribución, sin ninguna garantía.
El interior montañoso de la isla, con el Pico do Papagaio al fondo: es esa sierra la que atraviesa el camino de Dois Rios. Foto: MBelu, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Las ruinas del presidio
El Instituto Penal Cândido Mendes operó en Dois Rios hasta 1994 y concentró, a lo largo del siglo XX, presos comunes y presos políticos de las dos dictaduras. Graciliano Ramos pasó por la colonia correccional del pueblo en 1936 y transformó la experiencia en “Memórias do Cárcere”, un clásico de la literatura brasileña. En los años setenta, la convivencia forzada entre presos políticos y presos comunes dentro del Cândido Mendes dio origen al Comando Vermelho, capítulo que los investigadores de la UERJ documentan sin eufemismos.
En abril de 1994 el presidio fue desactivado y, enseguida, demolido con dinamita. Lo que quedó en pie (muros, pórticos, celdas tomadas por las raíces) fue incorporado al campus de la universidad y se puede visitar. Caminar entre paredes que la selva se traga de a poco, escuchando el mar a unos cientos de metros, produce un contraste que ninguna foto entrega: el lugar que fue sinónimo de castigo es hoy uno de los rincones más serenos del estado.
El Museu do Cárcere
En el pueblo funciona el Museu do Cárcere, núcleo del Ecomuseu Ilha Grande, mantenido por la UERJ. El acervo reúne objetos, documentos y fotografías del sistema penitenciario de la isla, incluidas piezas hechas por los propios presos, y le da contexto a lo que las ruinas apenas sugieren. El horario de referencia es de martes a domingo, de 10 a 16, con entrada gratuita, pero el museo pide agendar la visita con anticipación por el contacto del Ecomuseu; confirmá antes de ir, porque los horarios en un pueblo aislado cambian con vacaciones y feriados.
Reservale al menos una hora al museo. La caminata te lleva hasta Dois Rios; es el museo el que hace que Dois Rios llegue hasta vos.
La playa entre dos ríos
El nombre es literal: el río Barra Grande y el río Barra Pequena desembocan uno en cada extremo de la playa, y podés cerrar el baño de mar con una zambullida de agua dulce, helada y oscura de tanino. La franja de arena es larga, el mar es abierto y entra con fuerza (respetá las corrientes, no es playa para nadar lejos), y el marco de morros verdes no tiene una sola construcción a la vista más allá de los techos del pueblo.
El detalle que resume el lugar: en una isla que recibe multitudes, es común pasar una tarde entera en Dois Rios compartiendo la playa con media docena de personas. Figura con justicia en nuestro ranking de las playas más bonitas de Ilha Grande, y quizás sea, de las grandes, la más vacía.
El pueblo detrás de la arena merece una vuelta con calma: las calles con pasto entre las antiguas casas de los empleados del presidio, la iglesita, la cancha de fútbol donde los investigadores de la universidad juegan con los habitantes al final de la tarde. Es un poblado que se detuvo en otro tiempo, y la sensación de caminarlo después de una mañana de ruinas y museo completa el viaje: acá vivieron carceleros, presos, profesores y pescadores, en ese orden y a veces al mismo tiempo.
Dónde entra Dois Rios en tu viaje
Sin vueltas: la expedición del Albatroz, la goleta de nuestro grupo que sale de Paraty, no pasa por Dois Rios. Nuestra ruta para en Vila do Abraão una tarde, tiempo suficiente para conocer el Lazareto y el acueducto que está ahí cerca (el de la foto que abre esta guía, que mucha gente confunde con las ruinas del presidio), pero no para una travesía de día entero. Dois Rios pide que duermas en la isla: una noche en Abraão antes y, de preferencia, otra después.
En la práctica, el esquema que recomendamos para quien quiere la cara oceánica es dedicarle dos o tres días de pueblo y sendero, combinando Dois Rios con Lopes Mendes y, con más resto y autorización, el Aventureiro. Nuestra guía de qué hacer en Ilha Grande ayuda a armar ese rompecabezas, y la de cómo llegar a Ilha Grande resuelve la logística de los cruces. Quien prefiere agua quieta y cero esfuerzo encuentra su lugar en la comparación entre la Lagoa Azul y la Lagoa Verde.
Cuándo ir
Cualquier época sirve para la caminata, pero el invierno (mayo a agosto) entrega sendero seco, calor civilizado y mejor visibilidad. También es la época en que resulta más fácil hacer coincidir cielo abierto con el museo funcionando, porque una travesía de 8 km bajo la lluvia desanima hasta a quien vive en la isla. En verano, salí más temprano todavía y contá con un chaparrón a la vuelta; el camino se vuelve barro resbaladizo en las bajadas. Evitá hacer la travesía con lluvia fuerte anunciada y nunca empieces después de las 14, porque que anochezca en la selva sin linterna es un error que nadie comete dos veces.
Dois Rios es el contrapunto que le faltaba a tu Ilha Grande: un día de piernas cansadas, historia pesada y playa vacía, a contramano de todo lo que muestran las escunas. Calzate una zapatilla que aguante barro, salí temprano de Abraão y andá a conocer el lado de la isla que quedó fuera de las postales. Después, si querés el recorrido completo de la isla y de Paraty, empezá por las playas más bonitas y bajá por la lista.
