Las mejores playas de Ilhabela para parejas (y dónde terminar el día)

Hay un tipo de huésped que reconocemos de lejos: llega de a dos, sin apuro, y la primera pregunta no es “cuál es la playa más famosa”, es “cuál es la playa más tranquila”. Vivimos en Ilhabela y recibimos parejas así todas las semanas, gente festejando aniversario de novios, una luna de miel atrasada o apenas la suerte de haber conseguido los mismos días libres. Esta guía es la respuesta que damos en el mostrador, por escrito.
La lógica de la playa de a dos es distinta de la lógica de la playa linda. Acá pesa menos el escenario de postal y más la suma del día entero: una arena sin parlantes ajenos, un agua para flotar charlando, un atardecer que no exige auto y una cena a distancia de caminata. Ilhabela entrega esa secuencia mejor que casi cualquier lugar del litoral paulista, porque las playas del canal miran al oeste: el sol se pone detrás de la Serra do Mar, del otro lado del agua, y la isla entera tiene platea.
Las cinco playas que recomendamos para dos
Playa de la Feiticeira
Doscientos cincuenta metros de arena en el sur de la isla, sin un quiosco, sin un parlante. El caserón histórico al fondo y el agua clara hacen el resto. Con mar tranquilo, el snorkel ahí regala peces ornamentales y, cada tanto, alguna tortuga. Es la playa que sugerimos cuando la pareja dice “queremos un día sin nadie”. Micro-acción: armá una vianda en la Vila antes de ir, porque en la Feiticeira no se compra ni agua.
Playa del Julião
La vecina mansa. El mar casi no rompe, el Ilhote da Prainha sostiene el paisaje y se puede alquilar stand-up y remar de a dos sin susto. Es chica, y eso juega a favor: nadie grita, nadie corre. Micro-acción: quedate hasta las 16, cuando los grupos de paseo se van y la playa devuelve el silencio.
Playa de la Pacuíba
En el norte, 127 metros de arena con un pasto a la sombra de los chapéu-de-praia, los árboles que acá hacen de sombrilla, después de un sendero corto que desanima a quien carga heladerita grande. Recibe poca gente incluso en enero. El agua clara tiene cuevas llenas de peces para quien lleva máscara. Micro-acción: llegá a media mañana con esterilla y libro; la Pacuíba es playa de quedarse, no de pasar.
Playa del Veloso
Arena un poco más oscura, mar calmo y playo cerca de la orilla, quioscos discretos en la punta izquierda. El encanto escondido: los restos del barco Aymoré, naufragado en 1920, descansan ahí enfrente, entre 4 y 18 metros de profundidad, y las operadoras de buceo de la isla visitan el punto seguido. Un bautismo de buceo de a dos es un plan que nadie se olvida de contar. Micro-acción: preguntá en el quiosco por las salidas de buceo del día siguiente.
Playa del Viana
Chica, casi un balcón de arena sobre el canal, con un restaurante tradicional de familia llevando el movimiento hace décadas. Es playa de almuerzo largo: casquinha de camarão (camarón gratinado en su caparazón), cerveza helada, el mar en los tobillos. Micro-acción: andá de lunes a jueves y reservá la tarde entera, sin plan B.
Las playas del canal miran al continente y al atardecer. Foto: Marcos Assis, Unsplash
El atardecer, que es el segundo turno del día
En Ilhabela el atardecer es un compromiso. En invierno el sol baja entre las 17:30 y las 18; en verano, cerca de las 19. Tres puntos que funcionan para parejas:
El deck de Ponta das Canas, en el extremo norte, se construyó para los que hacen kitesurf y terminó siendo mirador público gratuito, con el faro al lado y las velas de colores cortando el cielo al final de la tarde. La playa de la Armação, justo antes, junta veleristas y un mar ancho que se dora entero cuando cae el sol. Y para quien no quiere manejar, el propio centro histórico lo resuelve: cualquier punto de la costanera de la Vila mira al canal y al contorno de la sierra del continente. Nuestra guía de dónde ver el atardecer en Ilhabela detalla esos y otros puntos, y los miradores de la isla dan la versión con altura.
Micro-acción que vale por todas: el día de playa en el sur, salí de la arena a las 16:30 y empalmá el atardecer en la Vila. La secuencia playa más atardecer más cena a pie es el plan de pareja más a prueba de errores que conocemos.
La noche después de la playa
El centro histórico concentra la noche de Ilhabela en pocas calles de vereda angosta, con la iglesia matriz en lo alto y restaurantes encendidos hasta tarde. Mapeamos las zonas y los tipos de cocina en la guía de dónde comer en Ilhabela y la vida nocturna completa en qué hacer de noche.
La Vila al final del día. Foto: Maristela Colucci/MTur, dominio público, Wikimedia Commons
La forma que más nos gusta de cerrar ese día es en el Floresta Bar, el bar de nuestro grupo en el centro histórico: mesas en medio de la mata, tragos de autor y música en vivo en noches marcadas, con ese momento en que las luces se encienden entre los árboles y alguien en la mesa de al lado te pregunta de dónde venís. La programación de la semana sale en nuestro Instagram.
Dónde dormir de a dos
Acá el interés es declarado: el alojamiento es nuestro. Para parejas, la recomendación de la casa es el Vilarejo, las suites del grupo a tres minutos del hostel, en el centro histórico: habitación de posada con una puerta que deja el mundo afuera y, a una caminata corta, la pileta climatizada a 32°C, los bares y la programación de un hostel vivo. Es la combinación de calma y movimiento en la dosis que cada pareja regula sola.
Un día de a dos, hora por hora
Para quien prefiere el plan armado, este es el día que más armamos para parejas, probado en muchos check-outs felices:
9:00, desayuno sin apuro y mochila chica: pareo, máscara de snorkel, repelente, agua y una vianda comprada en la Vila. 10:00, Feiticeira o Pacuíba, según qué lado de la isla pida el día; las dos premian a quien llega antes del movimiento. 13:30, almuerzo largo en el Viana o en un quiosco del Julião, con el mar enfrente y ningún compromiso detrás. 16:00, baño de mar de la tarde, el mejor del día, con la luz ya bajando. 16:45, camino de vuelta con parada en el mirador o directo al deck de Ponta das Canas, según la estación y la hora del sol. 18:00, atardecer cumplido, ese silencio de pareja que no necesita comentar nada. 19:30, ducha, ropa liviana y la Vila a pie: cena, postre caminando por la costanera y, si es noche de música, el final entre los árboles.
El detalle que hace funcionar ese día es la mochila corta y la agenda más corta todavía. Ilhabela castiga el itinerario apretado y premia a quien deja espacio para el imprevisto: la tortuga que aparece en el snorkel, el quiosco que convence de quedarse una hora más, el cielo que decide dar espectáculo fuera de horario.
Y si el viaje coincide con el invierno, aprovechá el bonus de la estación: entre el 16 de mayo y el 16 de agosto las ballenas jorobadas cruzan el litoral de la isla, y salir al mar de a dos a buscarlas es un plan de festejo difícil de superar. Las salidas de avistaje parten del centro histórico y la honestidad es la de siempre: la ballena no firma contrato de presencia, y eso es lo que hace tan bueno el encuentro cuando sucede.
Para cerrar la valija
Dos avisos honestos de quien vive acá. Primero: repelente en el bolso siempre, porque el borrachudo, el mosquito de la isla, no respeta el romance, y ataca más al final de la tarde, justo a la hora del atardecer. Segundo: si la idea es calma, escapale a los feriados largos y al año nuevo; abril, mayo, junio y septiembre son los meses en que la isla queda en el tiempo justo para dos, y el invierno acá vale mucho la pena, con mar claro y ciudad vacía.
Si dan ganas de estirar el repertorio más allá de las playas mansas, nuestro ranking de las playas más bonitas de Ilhabela muestra el otro lado de la isla, y el itinerario de 3 días ordena todo esto en un fin de semana largo.
Al final, la playa para parejas es menos la playa y más que el día entero les quede a medida a ustedes dos. Elegí una de la lista, agendá el atardecer como si fuera una reunión y dejá que el resto suceda en el tiempo de la isla.
