Playas de Ilhabela para ir con chicos: las que funcionan de verdad

Quien trabaja recibiendo viajeros en Ilhabela desde 2016 aprende rápido que familia en playa equivocada es vacaciones en riesgo. Vimos de todo: un papá descubriendo el mar de tombo con la heladerita todavía cerrada, chicos rayados de picaduras de borrachudo porque nadie les avisó del repelente, un cochecito de bebé enterrado en arena blanda a 300 metros del baño más cercano. Esta guía existe para que tu familia se saltee esas escenas y vaya directo a la parte buena.
Antes de la lista, el vocabulario que importa. Playa “de tombo” es aquella en la que el fondo cae de golpe, a uno o dos pasos de la orilla: la ola puede ser chica e igual voltear a un nene. Varias playas lindas de Ilhabela son así, y avisamos cuáles. La segunda palabra es borrachudo, el mosquito que vive en los ríos limpios de la isla: la picadura no duele en el momento y pica por días. Repelente reforzado, pantalón liviano al final de la tarde y listo, el problema se vuelve un detalle.
La buena noticia: el cruce ya arranca divertido. La balsa desde São Sebastião tarda unos 20 minutos, es gratis para peatones, y los chicos cruzan pegados a la baranda buscando peces en el agua. Cómo llegar hasta ella, con o sin auto, está en nuestra guía de dónde queda Ilhabela.
La balsa: primer juguete del viaje. Foto: Clonefox19, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Las seis playas que recomendamos para familias
Playa del Sino (Garapocaia)
A 11 km de la balsa, hacia el norte, es nuestra primera respuesta para quien viaja con chicos chicos: agua playa y calma, cocoteros dando sombra de verdad y quioscos con mesas frente al mar. El nombre viene de las piedras de la punta de la playa, que sueltan un sonido metálico de campana cuando se las golpea con otra piedra. Ningún chico resiste el experimento, y está bien: las piedras aguantan hace siglos. Micro-acción: llegá antes de las 10:30 para asegurarte mesa a la sombra y dejá que el chico descubra la piedra solo.
Playa del Julião
En el sur de la isla, 250 metros de mar manso protegido, con el Ilhote da Prainha en el paisaje. Es playa cerca de la orilla, buena de máscara y snorkel para el chico que ya nada, y el stand-up alquilado se vuelve plan de padre e hijo. La franja de arena es corta y la sombra, disputada. Micro-acción: llevá sombrilla propia y agua; la estructura ahí es mínima a propósito.
Playa del Veloso
Mar calmo, playo en la entrada y arena un poco más oscura, con quioscos en la punta izquierda y parada de colectivo sobre la ruta. Funciona bien para la familia sin auto. Micro-acción: chequeá el horario del colectivo municipal de vuelta apenas bajes; la línea escasea al final de la tarde. Nuestra guía de Ilhabela sin auto explica las líneas.
Praia Grande
Unos 600 metros de playa con la mejor relación entre estructura y espacio de la isla: quioscos, restaurantes, baño alquilado fácil y arena ancha para correr. Es playa de vecinos, con fútbol al final de la tarde y clima de barrio. En julio, el Festival da Tainha llena todo de olor a pescado a las brasas. Micro-acción: si vas en julio, andá con los chicos al principio del almuerzo, antes de que crezca la fila del festival.
Playa del Portinho
Chica, de mar tranquilo, con una carta que ninguna otra tiene: una plaza de juegos sobre la costanera y la capilla de Santo Antônio al lado, además de quioscos y bicisenda llegando hasta ahí. Es la playa del día en que el mar importa menos que la hamaca. Micro-acción: alquilá bicicletas y andá por la bicisenda; el trayecto se vuelve la mitad del paseo.
Playa del Curral
La más completa en servicios: quioscos y restaurantes con el pie en la arena, ducha, baño y guardavidas por tramos. Con mar picado la historia cambia, porque el Curral es de tombo y las olas crecen cuando entra swell del sur. Y está el aviso mayor: en feriado de verano se llena hasta la última reposera. Micro-acción: usá el Curral en día de semana y de mar liso; en feriado, cambialo por la playa del Sino sin culpa.
La laguna de agua dulce del Jabaquara. Foto: Maristela Colucci/MTur, dominio público, Wikimedia Commons
La excepción encantada: la laguna del Jabaquara
La playa del Jabaquara, al final del camino del norte, tiene mar de tombo que no recomendamos para chicos chicos. Pero detrás de la franja de arena un arroyo forma una laguna de agua dulce, playa y sin ninguna ola, donde los más chicos pasan horas mientras los adultos se turnan en el mar. El acceso son 8 km de camino de tierra con subidas: con tiempo seco, un auto común llega despacio; con lluvia, dejalo para otra vez. Micro-acción: repelente antes de bajar del auto, porque el río limpio es la casa del borrachudo.
Dónde no ir con chicos chicos
Honestidad de vecino: las playas oceánicas más famosas de la isla no son para esta etapa. El Bonete tiene mar de tombo fuerte, de surfista, además de un acceso que exige 16 km de sendero o lancha. Castelhanos es mar abierto con olas de verdad y 17 km de camino de tierra que sacude cualquier sillita. Las dos son extraordinarias con hijos más grandes, de los que se bancan un sendero y saben respetar el mar; con bebés y chicos chicos, elegí el lado del canal y sé feliz.
La mochila que resuelve el 90% de los apuros
Después de años de observar lo que las familias se olvidan, la lista quedó así: repelente en dosis doble, uno para ponerse a la salida y otro para reforzar después del baño, porque el agua lo saca y el borrachudo agradece. Protector solar infantil y una remera con protección UV, que vale más que cualquier reaplicación en un chico que no se queda quieto. Agua de más y fruta cortada, porque el quiosco no siempre está a diez pasos. Algo de efectivo, ya que el posnet depende de la señal y la señal depende de la suerte. Y el ítem que nadie lleva en el primer viaje y todos llevan en el segundo: una muda de ropa seca esperando en el auto, para que el cruce de vuelta no termine en llanto colectivo.
Sobre el horario, la matemática de las familias de acá: playa de 9 a 12:30, almuerzo a la sombra, vuelta a la base en la hora del sol bravo y, si sobra energía, segundo turno corto después de las 16. El chico aguanta la playa; la que no aguanta es su piel al mediodía.
Un día modelo con chicos, probado
9:00, balsa o salida de la base con la mochila armada la noche anterior. 9:40, playa del Sino: agua playa, sombra de cocotero, la piedra que suena a campana ocupando a los chicos una hora entera. 12:30, almuerzo en el quiosco con el pie en la arena, sin cambiar de lugar. 14:00, vuelta a la base para el baño y la siesta de quien la necesita. 16:30, o el segundo turno de playa en un tramo cercano, o bicicleta por la bicisenda hasta los juegos del Portinho. 18:30, cena temprana en la Vila, helado caminando por la costanera y cama sin negociación, porque mañana hay de nuevo.
Lo inteligente de ese día es lo que no tiene: traslado largo, playa de tombo y mediodía de sol. Guardá las playas difíciles para cuando los hijos crezcan; la isla va a seguir acá.
El plan B que salva el viaje
Llueve, y llueve de verdad, sobre todo en verano, cuando la tarde suele cerrarse después de una mañana de cielo limpio. Con chicos, un día de lluvia sin plan se convierte en habitación de hotel con aburrimiento, y el aburrimiento infantil es la fuerza más destructiva que conoce la hotelería. Tené a mano nuestro qué hacer en Ilhabela cuando llueve y la regla de la mejor época para visitar: abril, mayo, junio y septiembre combinan mar calmo, precio más bajo y playa vacía, que es el escenario soñado de cualquier padre.
Sobre la base, el interés es nuestro y lo asumimos: en el Hostel da Vila, nuestro eco lodge en el centro histórico, el final de la tarde de las familias pasa en la pileta climatizada a 32°C con tobogán de agua de 20 metros, y hay chicos que ponen el tobogán por encima de cualquier playa de la isla. Para quien prefiere habitación cerrada con la estructura cerca, el Vilarejo, las suites del grupo a tres minutos de ahí, tiene categoría familiar.
Un día de playa con chicos que termina con todos enteros, cansados y riéndose es una de las mejores cosas que produce la isla. Elegí dos playas de esta lista, encajalas en nuestro itinerario de 5 días en Ilhabela y dejale el resto al mar calmo del canal.
